Es curioso como de mi primera idea de tener a la ayahuasca como fiel compañera pasé, al final de los ocho días, a no querer tomar ayahuasca nunca más. Por supuesto que posteriormente, con el paso de las semanas, y al ver todo el bien que había hecho en mí ayudándome a disolver bloqueos muy antiguos, esa sensación desapareció, y ahora me siento profundamente agradecido.
En resumen creo que fue una experiencia muy profunda, muy intensa y, en muchos momentos, muy dura, aunque luego comprendí que todos los elementos que dan tanta dureza y dificultad a la dieta: silencio, soledad y falta de sal y azúcar, son precisamente los que te abren a escuchar con humildad los sabios mensajes que la Madre Tierra te trae a través de la ayahuasca. Leer más...
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