
Froni Pichler (Italia)
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Decidí hacer una dieta con la planta maestra Chiric sanango en un período difícil y sumamente perturbador. Aunque trataba de solucionar el “problema” o sea una relación dolorosa con la Ayahuasca, caía sempre de nuevo en mis patrones arraigados. Sentía que tenía que alejarme de la persona y del entorno, y enfrentar en la isolación la confusión en la cual estaba atrapada. Decidí hacerlo con Fernando, primero porque lo había conocido en el camino de la medicina y le confiaba por completo, segundo porque iba a darnos la medicina de maestro Bechín (río Manatí - Iquitos), al cual había tenido la maravillosa oportunidad de conocer haciendo mi primer dieta (junto con Fernando y Kuitzi).
Además íbamos a estar en un sitio completamente tranquilo y seguro, en cabañas en medio de la selva, y – muy importante – protegidos de los ataques implacables de los mosquitos. Al llegar al lugar de Antonio (un hermano maravilloso), quedé con la boca abierta por su belleza: una vista espectacular a un mar de árboles... Sentía que allí era posible establecer un contacto con los espiritus de la selva. La primera noche tuvimos nuestra primera ceremonia de Ayahuasca en la impresionante maloca, la cual es imprescendible para abrir cualquier dieta (ya que la Ayahuasca es considerada la madre de todas las plantas maestras). Formulé mi propósito en silencio...hermosa noche en la cual vino a visitarnos una lechuza dando vueltas por un buen rato sobre nuestras cabezas... Al día siguiente a tomar la primera porción de la poderosa poción - en ayunas.
El Chiric sanango debe su nombre a su efecto curativo: la planta saca el frío (“Chiric” significa“frío” en quechua) del cuerpo y del alma. Empecé a temblar en medio del calor húmedo de la selva y a sacar mucho moco. Después de vomitar me eché en la cama donde dormía todo el día sin tener sueños y sin poder moverme mucho. Al atardecer llegó Fernando a acompañarme a un manantial para que me duchara – importante para sacarse un poco la mareación. Creo que fue la semana más intensa de mi vida. Era como si hubiese estado allí un par de meses. Por empezar: imagínense llegar a oler, saborear y oír por los menos diez veces más intensamente que en la vida común.
El Chiric sanango te abre el corazón, te regresa a la infancia, te lleva a momentos dolorosos, te hace revivir algunas situaciones claves de la vida. Por lo menos en mi caso fue así. Me sentía muy frágil; de un momento al otro cambiaba mi estado de ánimo, no tenía ningún control sobre mis emociones. Había horas oscuras y de tristeza profunda, había horas de alegría y de felicidad tan solo por vivir en el aquí y ahora.
En todo caso surgieron muchas emociones relacionadas al pasado. Pero no solamente de esta vida. Tenía que enfrentarme inesperadamente con un miedo abismal todas las noches. Los sueños en dieta con el Chiric sanango son muy lúcidos. Apenas se cierran los ojos, se entra a una dimensión entre vigilia y sueño, la que raramente se experimenta de manera consciente en la vida cotidiana. El horror que vivía de noche era un horror que ya había vivido varias veces antes, pero nunca supe a qué estaba relacionado, es más, no tenía nombre para ello. Siempre había sido un fenómeno, un sentimiento inexplicable que solo inspiraba un miedo tremendo, un miedo a la muerte. Pero desde que me había decidido por el camino de la medicina, surgieron a la superficie más y más cargas, situaciones y relaciones no resueltas, también de vidas pasadas.
El Chiric sanango me hizo enfrentar mi miedo más grande. Salió a la luz una violación que tuve de niña hace mucho tiempo atrás en otro cuerpo. Después de la dieta decidí hacer un tratamiento especial y en ello me enteré que había muerto en este acto de violencia. La persona se había quedado hasta esta vida en mi cuerpo astral. A partir de estas informaciones pude entender muchas cosas, por fin podía ponerle un nombre al miedo y a una parte de la tristeza que me acompañaba desde niña, y, por ende a superarlos.
Durante todo el tiempo de la dieta me acompañaba Fernando, estaba allí siempre que lo necesitaba (y lo necesitaba mucho, sobre todo de noche), pasamos muchas horas conversando lo que era importante para poder integrar ciertas experiencias. Además aprendí más sobre el curanderismo tradicional a través de su conocimiento y experiencias. Nos hicimos amigos en ese tiempo, diría hermanos, tan intenso es el sentimiento compartido en la medicina. Su compromiso vivido con ella me alegraba y me inspiraba (y sigue inspirándome), su cuidado por nosotros me llenó de gratitud. Estoy segura de volver a hacer una dieta con él (y otros hermanos, hermanas), allí, en el mismo sitio. Es pura felicidad para mí haber encontrado una familia, un lugar en este planeta, poder caminar juntos este camino de concienciación, poder compartir las experiencias en el único viaje – aquel hacia adentro.
Froni Pichler, Italia, octubre 2005
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