



Lista de alimentos incompatibles con el Ayahuasca y prohibidos en las Dietas: |
Quesos añejados |
Salsas picantes o fermentadas |
Frijoles,Habas |
Soja, Salsa de soja |
Chocolate, azúcar refinado |
Embutidos,hígados |
Extracto de levadura |
Higos secos, cacahuete |
Pescado seco y escabeche |
Café, té |
Alcohol del todo tipo |
Carnes de cerdo, pavo. |
Productos lácteos |
Medicamentos |
Drogas de todo tipo |
Papaya y su jugo |
| |
| Para mayor información leer el interesante artículo sobre Ayahuasca en la web de IDEAA. Leer |
|
AYAHUASCA, DIETAS Y CONOCIMIENTO VEGETALISTA
F. Oubiña
Dentro del chamanismo en sus distintas formas alrededor del mundo, podemos distinguir dos formas o caminos para lograr el trance. Del chamán se ha dicho que es el experto en las técnicas del éxtasis o el trance extático (Mircea Eliade). En primer lugar, este estado de conciencia alterado se consigue bien por privaciones sensoriales (hambre, sed, insomnio, fatiga), por la repetición de un sonido (mantras) o el ritmo sostenido de un instrumento musical (trance inducido por tambores) e incluso el baile (danzas africanas o sufíes); estas formas serían propias del primero de los métodos naturales de inducir el trance; la segunda es por la ingestión de alguna sustancia o planta enteógena que contenga alcaloides psicoactivos. En el Nuevo Mundo se dio la inducción al trance extático por privación sensorial entre los nativos del norte, en ceremonias como la Búsqueda de Visión o la Danza del Sol. Pero conforme descendemos por el continente, presenciamos el uso de plantas sagradas en culturas mexicanas como la huichol y tarahumara con su uso del peyote, de la mazateca con hongos y ska pastora, en la cuenca del Orinoco el uso del yopo, y entre los incas, y culturas anteriores, el cactus San Pedro. En toda la selva amazónica desde Venezuela a Brasil la planta Sagrada y Maestra ha sido y sigue siendo la Ayahuasca junto al tabaco.
El uso de plantas para alterar la conciencia no es exclusivo del Nuevo Mundo, también fue frecuente en el área del Mediterráneo y la Vieja Europa, pero allí la intolerancia del cristianismo y su enorme poder acabaron con toda tradición de trance (considerado obra diabólica) o herboristería (la tristemente famosa quema de brujas). En América, pese a los denodados esfuerzos de los misioneros por erradicar el uso de estos sacramentos entre los “salvajes”, el aislamiento de muchas etnias y la falta de medios necesarios para el control total de la población nativa permitieron su continuación, y afortunadamente hoy en día existe un gran conocimiento de las propiedades medicinales de muchas plantas y persiste todavía la figura del chamán como curandero y experto en contactar con los espíritus e interceder ante ellos para operar cambios familiares o sociales.
Dietas
Además del uso de la Ayahuasca para curar y/o adquirir poder o conocimiento, los chamanes emplean otras plantas consideradas también “plantas maestras” no necesariamente alucinógenas. Se les llama así porque de ellas se obtiene un conocimiento, al igual que de la Madre Ayahuasca. La forma de aprender de ellas es la dieta. La dieta es un tiempo variable (desde 8 días hasta un mes) en el que se toman diferentes plantas maestras y/o medicinales, se reduce la cantidad de alimento (siempre sin sal ni azúcar) y otras distracciones, además de una total abstinencia de sexo.
Tradicionalmente se debe dietar antes y después de una toma de Ayahuasca. Esta dieta es importante debido al contenido IMAO del brebaje (harmina, harmalina), que aumenta los niveles de tiramina en sangre. "Dado que los altos niveles de tiramina pueden afectar a la producción natural de noradrenalina, esta condición puede conducir a una crisis hipertensiva. Quien sufre de una crisis hipertensiva generalmente reporta un terrible dolor de cabeza, (...) La tiramina se encuentra en quesos, vinos y generalmente en todo lo añejado o fermentado." (Web IDEAA)
Se puede dietar para curarse de una determinada dolencia, dedicando toda la atención y energía a conseguir este propósito. Para ello se toman diferentes plantas medicinales que ayuden al restablecimiento de la salud, además de las técnicas de sanación que el chamán o vegetalista puede conocer y practicar.
Cuando la dieta tiene la finalidad de aprender la medicina de una “planta maestra” (como en la formación de un chamán), el desarrollo es el siguiente: se toma ayahuasca con el maestro chamán y al día siguiente bien temprano y en ayunas se toma el preparado de la planta elegida. Normalmente el tiempo inicial de una dieta son 8 días, a contar desde la mañana que se inicia. La comida será sin sal ni azúcar, (arroz y plátano verde hervidos, fundamentalmente).
Es imprescindible el aislamiento de otras personas excepto del chamán que cuida del aprendiz o paciente. Se conversa poco y se incentiva el soñar. Durante los días que dura la dieta se puede tomar varias veces el mismo preparado de la planta maestra u otras plantas complementarias. La última noche se hace otra toma de ayahuasca y en la mañana se corta la dieta aunque durante un tiempo hay una serie de restricciones alimenticias y de comportamiento que se deben seguir bajo la supervisión del maestro.
Dependiendo de qué planta se haya elegido para la dieta, el tiempo varía. Unas plantas se pueden dietar en 4 días, otras en 8, y algunas dietas requieren entre 45 y 90 días pudiendo requerir internamiento a solas en la selva. El conocimiento llega en los sueños, que adquieren gran intensidad y claridad. La mayor parte del día transcurre en la hamaca en un estado intermedio entre la vigilia y el sueño. La falta de sal se siente al tercer o cuarto día, cuando ya casi no apetece levantarse ni para comer. El calor de la selva, los mosquitos, el hambre y la soledad acaban por crear un estado mental en el que se es muy sensible al conocimiento intuitivo. Si se lleva a cabo correctamente, una dieta proporciona respuestas a preguntas vitales y permite visualizar bien directrices de trabajo de cara al futuro. Además, cada planta tiene un efecto medicinal sobre el cuerpo que también se siente al finalizar la dieta, cuando la mente regresa a su estado habitual de satisfacciones cotidianas.
|